Ante lo terribles asesinatos de mujeres y niñas en los últimos días (para no añadirle la endemia de abusos sexuales de curas contra cientos de niños y niñas), el presidente responde con frivolidad, desidia y hartazgo. Vea usted la opinión de dos periodistas muy distintos entre sí, pero que seguramente pasarán a formar parte del costal de fifís adversarios y conservadores:

Jorge Zepeda Patterson (https://bit.ly/2HxksV7) dice que “un poco harto del asunto, (el presidente) presentó días más tarde un decálogo de principios con relación al tema. Se trató de una serie de máximas vagas e incluso repetitivas, que no entrañan ninguna acción o política pública y con la cual el presidente pretendió zanjar en definitiva el problema (1. Estoy en contra de la violencia contra la mujer; 2. Se debe proteger la vida de hombres y mujeres; 3. Es una cobardía agredir a la mujer; 4. El machismo es un anacronismo; 5. Se tiene que respetar a las mujeres; 6. No a las agresiones a las mujeres; 7. No a los crímenes de odio en contra de las mujeres; 8. Castigo a los responsables; 9. El gobierno siempre debe garantizar la seguridad de las mujeres; 10. Nuestro compromiso es garantizar la paz y seguridad de México).”

Jesús Silva Herzog Márquez, por su parte, (https://bit.ly/3bJ4DbO) dice: “El decálogo que el Presidente improvisó en su letanía reciente es casi una provocación de tan absurdo y de tan bobo. Inanidad propia de un concurso de belleza: estoy en contra de la violencia, se tiene que respetar a las mujeres, no a las agresiones a las mujeres, no a los crímenes contra las mujeres. El Presidente hilaba sus sentencias como si estuviera taladrado el mármol de la conciencia humana y de su boca aparecieran súbitamente las tablas de la convivencia. Uno, dos tres… Al llegar a la frasecita número diez, preguntó fastidiado: ¿ya?”.

No le critico al presidente que no pueda resolver el crimen y la impunidad. Le critico el chacoteo con que aborda el asunto. Dice: “Les pido a las feministas que no nos pinten las puertas ni las paredes del Palacio Nacional”, luego recurre a su caballito de batalla: dice que los feminicidios son culpa del neoliberalismo (así, aunque usted no lo crea) y acto seguido pasa al asunto del avión presidencial, que se ha convertido ya en la estupidez nacional.

Y no critico al presidente por la sencilla razón de que todos somos culpables de que el México actual esté convertido en el fango donde chapoteamos todos. Los crímenes más horrendos de mujeres, de niñas y muchas personas inocentes (la muerte de los narcos, criminales y malvivientes me tiene sin cuidado) nos consternan unas horas, en lo que llega el siguiente. Seguimos con nuestra vida como si no pasara nada. El país, por desgracia, está podrido y en esa podredumbre participamos todos: por acción o por omisión. Creen algunos que quemar, pintar o destruir algún monumento histórico es radicalismo. No lo es, pero eso les exime de emprender acciones verdaderamente radicales contra el feminicidio y el abuso infantil, acciones como las que propusimos aquí en el Vícam Switch en noviembre pasado(http://vicamswitch.mx/2019/11/29/feminicidio-el-necesario-radicalismo/).

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