En 1933, John M. Keynes envió una carta a Franklin D. Roosevelt en la que le hacía recomendaciones para enfrentar la severa depresión de la economía. Como Andrés Manuel dijo en su informe del pasado domingo 5 de abril, que Roosevelt había sido el mejor presidente de los Estados Unidos, las recomendaciones del economista inglés son muy pertinentes, sobre todo en estos tiempos en que la idea neoliberal de la autorregulación del mercado se ha revelado tan falsa y que, por otro lado, la idea de destruir al capitalismo carece (todavía, espero) de una alternativa aceptable para sustituirlo (mencionar a Cuba o a China es una manera de no saber qué decir). Los siguientes, son los extractos más relevantes de esa carta.

Sr. Presidente:

Usted se ha convertido en el guardián de aquellos que en cada país procuran reparar los males de nuestra condición por medio de experimentos racionales, dentro del marco de referencia del sistema social existente.

Usted se enfrenta a una doble tarea: recuperación y reforma. Para la primera, la velocidad y los resultados rápidos son esenciales. El segundo puede ser urgente también, pero la prisa será perjudicial, y la sabiduría y una visión a largo plazo son más importantes que un resultado inmediato. La fuerza motriz necesaria para lograr la reforma de largo alcance vendrá a través del prestigio de su administración por el éxito en la recuperación a corto plazo. Por otro lado, la reforma, sabia y necesaria, puede en algunos aspectos, dificultar y complicar la recuperación, ya que ello alterará la confianza del mundo de los negocios…

El objetivo de la recuperación consiste en aumentar la producción nacional y poner más gente a trabajar… Por consiguiente, un aumento de la producción sólo puede ocurrir por el funcionamiento de uno u otro de los tres factores: uno, los individuos deben ser inducidos a gastar más de sus ingresos actuales; dos, el mundo de los negocios debe ser inducido, ya sea por el aumento de la confianza en las perspectivas o por una menor tasa de interés, para crear ingresos corrientes adicionales en manos de sus empleados; o tres, la autoridad pública debe crear ingresos corrientes adicionales a través del gasto de dinero prestado.

En los malos tiempos no se puede esperar que el primer factor funcione en una escala suficiente. El segundo factor entrará como la segunda ola de ataque a la crisis después que la marea haya cambiado por los gastos de la autoridad pública.

Así, sólo desde el tercer factor (el gasto público) es que podemos esperar el mayor impulso inicial (si ese gasto público) se financia mediante préstamos y no gravando los ingresos actuales…

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