Recién llegados a Tijuana, una muchacha nos dijo, como haciéndonos el favor, que allá se dice christmas y que las monedas mexicanas se las dan a los niños para que jueguen. La gente no trapea la casa, sino que la mapea (por el mop); una puerta no está trabada, sino laqueada (por Locked) y no aspira la alfombra, sino que vacuna la carpeta (por el vacuum the carpet). Sin embargo, muchos de quienes así hablan, no distinguen un adverbio (by) de un adiós (bye).

Pero un día, en San Diego (California), supimos que esa jerga es el delgado barniz que cubre el espeso espíritu mexicano. Una mujer, sin duda coterránea nuestra, nos quiso apantallar. La niña que la acompañaba era traviesa y quería caminar haciendo equilibrio por la guarnición de la banqueta. La mujer volteó a vernos y luego, dirigiéndose a la niña, le dijo: Becareful. La niña la ignoró, pero para su mala suerte se cayó aparatosamente. La madre, enfurecida, le dice: “¡Becareful, chingada madre, te estoy diciendo!”.

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