VicamSwitch

Fotógrafo
Armando Sánchez 

Director
Alejandro Valenzuela

 

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Esto dijo Catón (Don Armando Fuentes Aguirre) sobre las elecciones de mañana

¿Qué diría Marx de estas elecciones?

Foto del Recuerdo

Punto Crítico Prueba

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Reflexiones al filo del tiempo

Los que nacimos en 1957, hace 60 años, sabemos que hemos arribado al futuro porque recibimos las siguientes señales: 1) Niel Armstrong pisó la luna, cumpliendo de un cierto modo el sueño de generaciones y generaciones de poetas y enamorados; 2) Ya llegó y ya pasó el 1984 de George Orwell; 3) Llegó el año 2000 y no se cumplió la colonización de Marte que nos contaron las Crónicas Marcianas de Ray Bradbury; 4) Las máquinas todavía no terminan de apoderarse del mundo, como lo pronosticó James Cameron en The Terminator, la película protagonizada por  Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton y Michael Biehn, y 5) Por fin, después de cien años de no hacerlo, los Osos de Chicago ganan la Serie Mundial de béisbol, como lo pronosticaron Steven Spielberg, Robert Zemeckis  y Bob Gale en Volver al Futuro, la trilogía protagonizada por Michael J. Fox (Marty McFly) y Christopher Lloyd (el Doc Emmett L. Brown).

Los nacidos en 1957 (y sus alrededores) fuimos (cosa ineludible del materialismo histórico) revolucionarios marxistas-leninistas hasta que fue evidente que las burocracias soviéticas (y esto vale también para las dictaduras tropicales que han asolado a los países pobres con el pretexto de “redimir” a los trabajadores de la explotación) trabajaban para su propio beneficio. Muchos de esa generación, caído el Muro de Berlín, se extraviaron en el populismo, el estatismo, el nacionalismo dizque revolucionario y en versiones de lucha que podríamos calificar de modernos como el indigenismo, el feminismo y el marginalismo en general. Pocas, muy pocas personas revaloramos lo que siempre despreciamos, pero que era –sin que lo percibiéramos así– lo mejor que había creado la humanidad: la democracia liberal, el respeto a los derechos humanos y, en fin, la libertad.

También la relación con Dios se modificó profundamente en esa generación. Siendo ateos supuestamente irredentos, muchos de ellos terminaron yendo a misa los domingos para revalorar la parte espiritual, que siempre habían despreciado. Muy pocos se mantuvieron en sus reales, fieles al materialismo dialéctico y otros, como yo, se detuvieron en los umbrales. ¿Existe Dios? Ni cómo saberlo. Puede ser que sí, pero la ciencia pesa y hay quienes necesitamos evidencias. Pero la ciencia no lo es todo y es probable que al final de cuentas haya una fuerza superior a nosotros que nos antecede y nos gobierna. En última instancia tanto orden, tanta grandeza y un caos tan sistemático (para usar un inédito oxímoron) no pueden ser producto de la generación espontánea. Lo que haya después de la muerte es el misterio mayor. ¿Deviene la reseca parca en polvo de la nada o hay un alma que se trasmuta en otras y desconocidas formas de vida o, al menos, de conciencia? Hay, sin embargo, un consuelo para nosotros los escépticos: si Dios existe debe ser tan grande y tan poderoso que no creo que necesite de mí, ni de cierto comportamiento mío ni creo que pierda su tiempo fiscalizando mis actos. El corolario de este planteamiento es que si existe algo después de la muerte, el acceso a ese estado no depende ni remotamente de nuestro comportamiento.

Nuestro comportamiento en este mundo debe ser premiado o castigado con justicia aquí en este mundo, y esto nos lleva a la sociedad que tenemos y la que queremos los de la generación de 1957 (y sus alrededores). Pocos miembros de esa generación valoran el sistema democrático liberal. Pero no hay que juzgarlos con dureza porque no saben lo que hacen, y eso que no saben, lo hacen de buena fe, aunque no todos. Por lo menos yo estoy convencido de que el futuro previsible de la humanidad será transitado de una mejor manera si nos damos, y perfeccionamos, un sistema democrático de libertades, un sistema de impartición de justicia que termine con la impunidad, la corrupción, el crimen y el abuso, y un sistema de justicia social que termine con la pobreza, que supere el atraso y proteja el medio ambiente.

Hay un tema que me preocupa profundamente. No creo ser el único que se preocupa (la Unicef ha hecho mucho al respecto), pero yo propongo que, independientemente de los derroteros del mundo, México debe privilegiar y proteger en todos los sentidos a la niñez. Tres cosas debemos hacer de manera urgente. Una, decretar pena de muerte a los violadores de niños y niñas; dos, dar cadena perpetua con trabajos forzados a los que maltraten y trafiquen con infantes, y tres, dedicar todos los recursos necesarios (creo que de entrada podría ser una tercera parte del presupuesto público de todos los niveles de gobierno aplicándolo de manera muy directa y con la mínima burocracia posible) para dar a los niños alimentación, salud, educación y recreación de altísima calidad.

Rubí me ha dado lo más grandioso de la vida (además de su propia vida): al Alex, mi hijo amado. Y el Alex, a su vez, me ha dado tres tesoros inmensos: la Jana, la Lizzy y la Frida, mis nietas adoradas.

La propuesta que hago, de privilegiar a la niñez, de crear una República de la Infancia en México, se inspira en ellas. Sus sonrisas, su felicidad, me convencen cada día de que ningún esfuerzo es suficiente para construirles, valga la reminiscencia, un mundo feliz.

La última salida de AMLO

Niños de la Kino y la Sebastián en apoyo a los discapacitados

El Camión del CETA 26

CAMION CETA 26 - 1

En 1974 el CETA 26 (hay CBTA 26) se fue a huelga estudiantil convocada por el Comité de Lucha Ideológica (Pablo Plascencia, Bardomiano Galindo, Octavio Montiel, Beto Mendoza, Pancho Jara, el Pollo Moreno, entre otros) con la intención de tumbar al director, José Camilo Reyes Pérez, por un supuesto fraude descubierto, también supuestamente, por Pablo Plascencia. Finalizada la huelga, ellos eran los líderes naturales de la escuela… pero llegó René (el Serra) Vidaurrázaga y convocó a algunos estudiantes para formar el Consejo Estudiantil. Los convocados fuimos: Eusebio (el Chevo) Valdez, Rosario (el Chayo) Zavala, Armando López Urbalejo, Roberto Acedo, Jacinto López y Lourdes Córdova (estos tres originarios de Arivechi), Jorge Vargas, Arturo Olguín, José Luis Villalobos, el Murakami, y yo (que en ese tiempo todavía me decían el Búho). No recuerdo si había algún otro allí. El Consejo Estudiantil fue un órgano de representación formal integrado por representantes de grupo. Una vez conformado el Consejo, el Serra se obsesionó con la idea de conseguir un camión para los viajes de prácticas. Nos volvimos expertos en perseguir a Luis Echeverría, el Presidente de la República. En una ocasión fuimos al Carrizo, Sinaloa, y allí los demás le servimos de guaruras al Serra para que se pudiera acercar al presidente. En esa ocasión llevábamos a Gilberto (el Caballo) Reyna ya que supusimos que su enorme tamaño impresionaría a los guardias de Echeverría. No se impresionaron. Lo que sí hicieron (aprovechando que en aquellos tiempos no se andaban por las ramas ni con que los derechos humanos) fue darnos una generosa cantidad de chingadazos. Estábamos todos maltrechos, sacudiéndonos el polvo y limpiándonos la sangre derramada, cuando vimos al Serra muy sonriente asomándose por la ventanilla del autobús presidencial. Iba sentado al lado del mandatario consiguiendo que una comisión fuera trasladada a la Ciudad de México a ver lo del camión. Esa mañana nos habíamos entrevistado con un funcionario que montó en cólera porque el Serra le dijo que íbamos a exigirle a  Echeverría lo del camión. Casi tocándonos la nariz con la punta del dedo, nos dijo que al señor presidente no se le exigía, que se le suplicaba. Cuando René se bajó del autobús con el mandatario, nos reunimos con ellos y el jefe de la nación le gritó al funcionario que casi nos saca los ojos: “Castañeda, me atiende a estos muchachos, pero ya”. Sí, señor presidente, a sus órdenes señor presidente, decía el abyecto burócrata.

CAMION CETA 26 - 3

Regresamos a Vícam para ver quiénes iban a acompañar al Serrano a México. La decisión iba a ser democrática, pero se atravezó la cruel realidad: unos no podían ir porque no tenían zapatos, otros porque no tenían ropa y no faltó allí el que no consiguió el persmiso en su casa. Por fin “seleccionamos” el Chevo Valdez y al Urbalejo. Cuando la comisión entró a Los Pinos volteando para todos lados, sin saber qué hacer o a dónde ir, pero con la suerte de su lado, entre el tumulto se oyó la estentórea voz de Echeverría llamando al Chevolín, que se acababa de rapar la cabeza: “Hey, Pelón, vengan para acá”. El presidente los atendió como ellos se merecían, les dio de comer (cosa que últimamente habían hecho con muy poca frecuencia) y los hospedó en un hotel del centro para que esperaran que concluyeran los trámites. Se pasaban los días en larguísimas antesalas en las oficinas de los burócratas que atenderían el asunto y la estancia se prolongó por casi dos meses. La nostalgia (un sentimiento muy común en aquellos tiempos por la inexistencia de las video-llamadas y del WhatsApp) hizo estragos y un mediodía el Urbalejo soltó el llanto cuando en la fonda le sirvieron unos chiles rellenos porque se había acordado de los que hacía su santa madrecita. Entre moco y suspiro terminó de comer y se fue a la central camionera… Después de muchas gestiones, por fin consiguieron el camión. René Vidaurrázaga y el Chevo Valdez llegaron a Vícam una tarde de agosto del 1976 en el camión que habían conseguido. Fueron recibidos como héroes por los estudiantes, el camión fue estacionado en la cancha de basquetbol, hubo una ceremonia, se dijeron discursos y desde entonces empezaron los viajes de estudio más divertidos que recordemos los de esa primera generación.

Juan Pablo Márquez: Del block 602 Valle del Yaqui al desarrollo de la vacuna contra el cáncer

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Antonio Banderas vs Donald Trump

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Armando Sánchez, el fotógrafo

Sánchez

Este 17 de agosto es el cumpleaños de Armando Sánchez, el hombre que con su cámara fotográfica ha difundido, mucho más que muchos, la cultura, las costumbres y la vida cotidiana de las comunidades yaquis  y sus alrededores.

Armando no anda por allí presumiendo que está a punto de salir un libro ilustrado con cincuenta fotos de su autoría, que su trabajo ha sido admirado en exposiciones en Vícam y en Hermosillo (la última montada por la Universidad de Sonora), y que esas imágenes han llamado la atención de académicos y de personas interesadas en muchas ciudades de México, en los Estados Unidos, en Canadá, en Europa y en Sur América; simplemente lo hace y eso le causa a él una gran satisfacción honrando aquel viejo dicho de Jonathan Swift (el autor de los Viajes de Gulliver, escrito en 1726) que dice que es feliz el que tiene la fortuna de hacer lo que le gusta.

El Vícam Switch, hoy desafortunadamente en receso en su edición impresa, cuenta por miles su seguidores en las redes sociales. El número de los que nos siguen crece día a día y las imágenes que allí aparecen son ahora la ventana por la que la diáspora viqueña puede ver al pueblo de sus nostalgias. Esa presencia cada vez más sólida se debe a las fotos que de manera cotidiana Armando comparte con todos nosotros.

El Vícam Switch siempre ha contado con un equipo de primer nivel [nuestro ya fallecido amigo Neftaly Osuna Reyna, Francisco Salomón, Octavio Montiel, Arcelia Ochoa Pérez Alejandra Molina Salomón, Julián Valenzuela, Rubí Edith Landeros Pineda, Faustino Muñoz Figueroa, Anabel Montiel, Teodoro (Franqui) Buitimea, Eusebio Valdez Mexía, Diego Enrique Rodríguez Landeros, Rosendo Diego Acosta Mora, Octavio Cervantes Ojeda, Ramón Castro Cital, Juan Diego González, Julián Ángel León Palafox, Jesús Diego Enríquez Cajigas, Mirna Márquez Urías y Marcial Guerrero Tosalcawi, además del Lic. Javier Carrasco Valenzuela y Axel Valdez]. Sin embargo, Armando no se detuvo y la presencia de nuestro medio de comunicación hoy en día se debe a su esfuerzo cotidiano.

Felicidades, Armando, por tu cumpleaños y por todo lo demás.

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